2 CV
Cabra, Patito feo, Cirila… son múltiples los apodos que ha recibido este mítico modelo de Citroën, el 2CV. Desde su presentación el 7 de octubre de 1948 en el Salón del Automóvil de París, el Citroën 2CV no ha dejado de suscitar reacciones apasionadas entre los muchos fans y detractores de este mítico modelo. Y es que el 2CV es un automóvil singular por múltiples razones.
Ideado en 1929 por André Citroën, fue diseñado por Flaminio Bertoni siguiendo las directrices del director general de la marca, Pierre Boulanger. En 1937 se presenta el primer prototipo como un vehículo económico, amplio y seguro, con capacidad para transportar carga a la vez que confortable, adecuado para viajeros y trabajadores. En 1939 se fabrican 250 unidades pero la llegada de la Guerra Mundial acarrea la destrucción de todos los vehículos menos de uno que se conserva desmontado y escondido hasta el fin de la contienda.
Finalmente, el 2CV fue presentado en 1948 en el Salón del Automóvil de París. Atacado por la prensa de la época porque no se parecía a ningún otro vehículo, el 2CV pronto se extendió por pueblo y ciudades francesas y no tardó en ser demandado desde países de todo el mundo. Con el tiempo se convirtió en el favorito de los conductores jóvenes y su simpática silueta fue testigo de la revolución hippie de los sesenta. Cuatro millones de unidades vendidas y 41 años después, en 1990, Citroën dejó de fabricar el 2CV cuando cerró la factoría de Mangualde (Portugal).
Considerado en la actualidad uno de los coches más populares del mundo, cuenta con más de 250 clubs de aficionados en más de una veintena de países diferentes y casi todos los meses se realizan concentraciones y eventos que tienen a este vehículo como motivo de celebración. Ligero y descapotable, el 2CV es, definitivamente, el compañero ideal para acometer una aventura de esta envergadura.
Nuestros 2CV
Los modelos de nuestros viajeros son totalmente originales, fabricados en la década de los ochenta, con el motor reconstruido y el chasis reforzado. Ambos se han equipado con doble conector de mechero en el interior, foco móvil de alumbrado exterior, llave de paso general de batería, asientos reclinables, asientos traseros extraídos, caja de seguridad, guanteras, soportes para los termos, cable motorizado exterior y depósito extra de gasolina.
La elección de este coche no es casual, ya que su motor, refrigerado por aire, hace del 2 CV un vehículo idóneo para atravesar los desiertos que nuestros viajeros encontrarán a su paso. La anchura de sus ruedas le permiten enfrentarse en perfectas condiciones a superficies nevadas,; la mecánica sencilla facilita su mantenimiento; su estética divertida provoca simpatía a su paso; y la suspensión, ideal para caminos no asfaltados, hizo célebre el 2 CV como ‘el coche que se inclina pero no vuelca’.
El viaje original “La terre en rond’”
“El mundo es largo pero pequeño. Nueve de cada diez capítales se parecen”
‘La vuelta al mundo en un 2CV’ es un proyecto con el que sus impulsores pretenden homenajear a Jean-Claude Baudot y Jacques Séguéla en el cincuenta aniversario de su viaje alrededor de la tierra a bordo del mítico modelo de Citroën. Una aventura que los franceses plasmaron en su libro ‘La terre en rond’, traducido al castellano como ‘La vuelta al mundo en un 2 CV’ y que comenzó en octubre de 1958, cuando partieron de París con el objetivo de viajar durante un año recorriendo dos veces y media la distancia que comprende la circunferencia terrestre.
Con el convencimiento de que “el kilómetro en barco cuesta diez veces más caro que en coche”, Baudot y Séguéla optaron por viajar en automóvil. Y para elegir marca y modelo realizaron un estudio para encontrar el vehículo de la época que menos averías registrara. Finalmente, su fiabilidad y el hecho de que su motor se refrigerara con aire en lugar de con agua animó a los franceses a decantarse por el 2 CV. Tras un intento infructuoso de conseguirlo de forma gratuita a cambio de publicidad, optaron finalmente por comprarlo y comenzaron a “equiparlo amorosamente” haciendo los asientos abatibles o construyendo un baúl ’secreto’ bajo los asientos para esconder armas. La preparación de su aventura conllevó dos años de gestiones y varios “cientos de kilómetros a pie” e incluyó tres meses “jugando a ser cartógrafos” para diseñar el itinerario a recorrer y una visita al hospital para que les extirparan el apéndice y prevenir así las consecuencias de un ataque de peritonitis en algún desierto o jungla perdida a varios días de camino de cualquier núcleo habitado.
Y así, después de casi 24 meses de preparativos, se lanzaron a la aventura de dar por primera vez la vuelta al mundo en coche. Tras salir de parís, emprendieron una ruta en zig-zag que les llevó a África del norte, central y del sur; América del sur, central y del norte; Oriente Extremo, Medio y Próximo; y finalmente Europa de nuevo. En total, 2.247 horas al volante durante más de un año de viaje a través de 8 desiertos y 50 países. Un proyecto para el que invirtieron 80.030 francos y en el que sufrieron robos por valor de 1.377 francos. Durante este viaje iniciático, los franceses conocieron múltiples pueblos y culturas. Una experiencia que les abrió la mente y con la que se libraron de prejuicios y adquirieron una visión global del mundo y el ser humano.
“Todos nos han enseñado que la vida cotidiana se vive en todas las latitudes y que el hombre es el mínimo común denominador del hombre. (…) Los primitivos no son siempre los que pensábamos y en el fondo de cada cual anida un salvaje. (…) Dado un nivel igual de vida, los problemas de todos los hombres son idénticos”.







