La Península del Turbante

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Llegué a los Emiratos tras un divertido viaje en ferry donde era el único extranjero, nos dieron de cenar y desayunar, pasamos calor, fumamos y nos esparcimos para pasar la noche lo mejor posible. A bordo ya iban algunos turbantes con patas…

El precio del trayecto en barco no es inferior al del avión, todos iban cargados hasta las orejas, productos y alimentos, llegamos a Sharjah, el calor aprieta, peor que el infierno Bandar Abbas.

Trámites fronterizos interminables en el puerto, me dan visado para un mes gratis, a los paisanos les hacen foto de un ojo, un amigo del barco y su chófer turco me llevan a Dubai en una máquina con aire acondicionado. Gracias.

Allí me espera Anita, una divertida puertorriqueña que se ha ofrecido a acogerme en su casa, compartimos el cuarto con Channel, su chihuahua, y sus cuatro hiperactivos cachorros que darán buena cuenta de las correas de mi mochila.

Dubai no me gusta, ciudad al más puro estilo americano, con sus centros comerciales, hoteles de lujo, restaurantes y bares caros. Todo está pensado para moverse en coche y las islas artificiales ponen la guinda al pastel.

En la playa el agua está caliente, la ducha está caliente, la arena abrasa y el hielo vuela. Se vive bajo el aire acondicionado, incluso en las paradas de autobús. Es verano y rozamos los 50 grados. Temporada baja. Dicen. Esto es el infierno.

Anita y sus compinches hacen que pase unos días entre amigos y risas. Mientras espero mi visado indio decido ir hacia el norte, cruzar a Omar y echar un ojo a los fiordos donde dicen que se ven delfines.

Con la compañía de una chica suiza salimos en autostop, hacemos noche en la playa de Ras Al Khaimah, el calor no me deja pegar ojo, cangrejos bajo la arena que forman pirámides de arena cuando baja la marea, miles de familias de estrellas de mar.

Cruzamos la frontera y un bus de turistas nos recoge y nos acerca al puerto de Khasab. Papeazo en un restaurante local y bajo el sol del medio día buscamos un lugar donde darnos una ducha y descansar. El halcón del desierto nos ve y nos recoge, es un tipo divertido que nos invita a su casa. Se dedica al turismo. Nos trata a cuerpo de rey. Salimos en su lancha. Vemos delfines. Buceamos. Un poco de wake board para estirar los músculos. Conocemos la famosa Telegrafh Island.

Aprovecho que va a Dubai con un amigo a comprar material de camping para la nueva temporada, muchas risas con esta pareja de túnicas blancas y turbantes. Mi visado está listo. No encuentro barcos que me lleven a la India. Hay vuelos baratos. Me decido por Bombay para saltar sólo un trozo de charco. El sueño de dar la vuelta al mundo sin levantar los pies del suelo termina aquí. En vez de triste estoy contento porque eso implica que lo volveré a intentar. Otra ruta u otro momento. Omán ha sido el gran descubrimiento.

Octubre 5th 2009 2cv, Diario, General