Subcontinente Indio

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Legué a la India apestando al curry del avión. Mosqueado porque en la embajada de Dubai la cagaron y me han dado una entrada simple. Cansado de tanta burocracia y paseos en balde. Aburrido pero emocionado, un mundo totalmente diferente está a punto de presentarse ante mis narices.

Es noche cerrada y me he propuesto coger el primer tren que salga hacia Delhi para poder ver a los hermanos uruguayos que andan por allí. Siguen vivos después de cruzar Pakistán y quiero oír de su boca las anécdotas y problemas de la travesía.

Control de temperatura nada mas bajar del avión por el royo de la gripe rara esa que seguro alguna empresa farmacéutica ha soltado por el mundo para hacer un poco de caja. Cojo un tuc-tuc en una calle cercana al aeropuerto para evitar la tarifa extra. Me niego a que me lleve de putas como el quiere y le insisto que una estación de tren será más que suficiente. Ratas y mendigos custodian los andenes. Bombay Central es mi destino. El trayecto en esta especie de cercanías no tiene desperdicio. Faltan tres horas para que salga mi tren.

Echando una cabezada me hago amigo de un taxista que me invita a desayunar arroz picante con salsa dulce y un buen chai para poder tragar esto. Llega la hora y sorpresa, no tengo billete y no entiendo porqué no quieren darme otro para el siguiente tren. Me armo de valor y compro uno de esos sin asiento asignado. La ignorancia me va a costar cara, al contrario que el billete, por menos de tres euros voy a recorrer los casi 1400 kilómetros que separan Bombay de Delhi. Las 30 horas en Second Class fueron una buena terapia de choque y una insuperable vía para empaparme rapidito de lo que es India.

En Delhi compartí con los tres osos uruguayos una habitación dentro de una escuela de baile en uno de los barrios de la nueva capital. Gente encantadora. Borracheras entre amigos. Risas. Paseos con la Poderosa y portazos en las embajadas, como siempre.

Los boludos se han quedado sin plata, otra vez. Su nueva idea de bombero es pedir prestado a Montevideo y volar a Australia a hacer caja. Celebran por allí su día de la independencia y por lo visto hay casi 12000 uruguayos y algunas sucursales de Citroën.

Me vuelvo a quedar solo y pienso en los verdes valles de Nepal, en el lago Phewa donde se bañaba Lorenzo en los 70, en el sueño de la eterna primavera, en el negro nepalí…

Cojo mis cosas y compro un billete de autobús sin aire acondicionado, cuatro turistas y locales a bordo, 40 horas en ruta. Otro viaje para el recuerdo. Todo esto lo podréis leer en el libro.

Octubre 15th 2009 2cv, Diario, General