En Irán intenté prolongar la fecha límite de entrada de mi visado chino. Me dijeron que no. En Emiratos y Omán ya tenía bastante lío con el visado indio. En Delhi todo es más complicado y me confirmaron que Myarmar tiene la frontera terrestre con India cerrada y para Tibet necesitas un permiso especial. En Nepal quería estar relajado y con la embajada India ya tuve bastante. Ya había tenido que coger un avión. Quería llegar al sudeste asiático. Las dictaduras no me seducen. Encontre un billete económico con Kingfisher. También marca de cerveza. En el vuelo te daban todas las que querias. Lástima que Chennai-Colombo se cubra en menos de dos horas. Llegué y el monzón rugía. Un nuevo país ante mis ojos. Vengo cargado de energia. Auroville. Joan. Los papis. India. Igor. Sara. Sidartha. Goa. Varanasi. El Ganges.
En Sri Lanka no me cogían rocamboles indios. Los buses locales son una locura como en India y Nepal. Y una auténtica gozada. Las calles se ven algo menos sucias y no tan concurridas como en las grandes ciudades indias. El acoso al turista es más sutil. Preguntan con educación y chapurrean inglés. Te ofrecen tuc tuc o moto. Drogas y diversión. Me alojé en un antiguo gran edificio colonial prácticamente en ruinas. Aspecto abandonado y bichillos en las colchonetas. Colombo parece una capital en estado de sitio aunque todos aseguran que todo está tranquilo. Hay barricadas y controles en todas las esquinas. Muchas calles cortadas incluso al peatón. Ausencia de vida en cuanto cae la noche. Fuí a la estación de ferrocarril. Igor me ha recomendado Kandi y una señora en Madurai las playas del sur. Me voy a la mañana siguiente a las montañas. Me apetece sentir un poco de frescor en la cara.
6 am en la estación.
Tercera clase hasta el corazón de la isla. El paisaje es espectacuar. Voy en el coche-bar compartiendo cigarrillos y chais con tres chavales. Viaje comodísimo sentado en las escaleras. Con el aire en mi cara. Justo lo que necesitaba. Junto al lago tengo referencias de un par de sitios pero el precio no me convence. Pink House es el más económico y divertido. Cuatro divertidas señoras, una nuera trabajadora, un hijo gandul y tres renacuajos aplicados. Menuda plantilla. Disfruté de la casa y la compañía, de las montañas y el lago, de los templos y monasterios. Arreglé los agujeros de mi mochila con el maestro remendón de la sombra más grande de la plaza. Para comer me decantaba por un restaurantillo regentado por musulmanes. Exquisito y muy económico. Para pedir señalaba algo que viera con buena pinta en alguna mesa o recurría a los rollitos de carne o pescado que vendían en la puerta. Constantemente me ofrecían yerba. Si les das cuerda estás perdido. Si buscas algo, en cada esquina tienes un “hombre de confianza“. Tras un par de días me pongo en marcha hacia la playa. No tengo billete de salida. Hay que buscar algo. Cojo un tren a las cinco de la mañana. Un buen libro me acompaña.
Unawatuna es mi destino. Paraíso para los surferos. Ahora es temporada baja y apenas hay turismo pero el lugar tiene pinta de ponerse hasta arriba. Pescadito fresco barato si tienes un lugar donde cocinarlo. Siguen ofreciendo hierba y alternativas. Bares de reagge. Buenas olas. Mi bungalow apartamento sale por tres euros al día. No está en la playa pero si rodeado de jungla. El dueño es un ex policía. Aún así nos llevamos bien, compartimos unos chais con leche fresca y le doy de probar del serranito bueno que llevo en la mochila.
Tres chavales llevan el mejor chiringuito de la playa. Peace Bar. Como en casa compartiamos zumo de cebada y humo. Me cocinaba allí mismo el pescado fresco que traían a la playa. Aprendí a jugar a ese juego que ahora no me acuerdo como se llama. Tablero con cuatro agujeros, fichas y talco para que deslice. Se juega tirando con los dedos. El licor local de coco te afina la punteria por las mañanas.
No me funciona mi tarjeta desde le ciber de Galle cuando intento comprar el billete más barato que encuentro al Sudeste asiático. A Malasia con Air Asia. Colombo-Kuala Lumpur en seis horas. Teletransporte. Busco mi último atardecer en la isla. Me despido de la gente que me ha hecho compañía estos dias. Me voy de Sri Lanka con buen sabor de boca, no sólo por la hierba.
Es un país tranquilo, exótico y entrañable con una densidad de población razonable. Tras una semanita relajá sin demasiado ajetreo ni kilómetros me dispongo a dar un último salto. Sri Lanka, esto es un hasta pronto. Salud y libertad.






