Tailandia con Prisas

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Nada más cruzar la primera en la frente. ¿¿¡¡Dos semanas de visado!!??.  ¿A qué se supone que te da tiempo en dos semanas de visado cuando tienes en mente gestionar un par de visas para países como China o Rusia? Pensativo, camino por el puente que separa Malasia de Tailandia. Esquivo las moto taxis. Recorriendo los dos kilómetros que hay hasta el pueblo más cercano empieza a llover. Chispea. Pregunto precios en algunos hostalitos pero no bajan de los cinco eurelios. Tienen el negocio montado. Empieza a jarrear. Suena música reagge. Como las ratas en el cuento del flautista camino y llego a la tienda museo Bob Marley. Entre risas y cigarrillos esperamos que el tiempo se calme un poco y salimos con su motillo en busca de algo económico. Termino en una antigua casa de alterne a las afueras donde me dan refugio por dos eurelios y me acuesto pensando en lo que habrán visto estas paredes.

Amanece y me voy en busca de un cajero e internete. Hago una pequeña lista de pueblos y ciudades por la costa. Salgo a la carretera a hacer autostop. Nadie me recoge. Finalmente una chica me convence de que coja un minibús hasta Hat Yai. Hay un francés a bordo que viene a bucear. Ayer se olvido de sellar su pasaporte en el puesto tailandés y ha tenido que volver a ponerlo. La mayoría de los viajeros independientes que me he encontrado en mi ruta son franceses. Chavales, esto no puede ser. Mapa y carretera. Que no se diga.

Echando un ojo a la guía que lleva el notas dudo entre Railay en la costa Oeste donde se escala en la playa y las famosas islas Phi Phi están ahí a tiro de piedra o ir hacia Chumphon en la otra costa y embarcarme hacia alguna de las también famosas islas Samui o Phangan. Finalmente me decido por la última, Ko Phangan, famosa por la Full Moon Party, una isla de unos dos mil habitantes. Una gozada de lugar si tienes la suerte de encontrarte con Andreas, y yo la tuve.

Tras el bus nocturno y el barco mañanero llego a Ko Phangan con un mapilla hecho a mano y el nombre de los tres o cuatro hostales más baratos que venían en la guía. Esquivé a los asaltantes de carne fresca en busca de para el taxi o el bungalow de turno. Al final del muelle hay un peludo sentado en una moto que me para y empezamos a charlar. Es Andreas que por el mismo precio de algo compartido en el sitio más barato de la isla me ofrece una cabaña rodeada de jungla, con cocina y baño propios, construida por el mismo al lado de la suya. Vistas al mar hacia el Oeste. Atardecer espectacular. Lleva catorce años viviendo en la isla y hace diez se construyó un lugar de ensueño…en el mejor lugar de la isla.

Andreas es alemán y para el gobierno tailandés es un turista más. Se dedica a varias actividades de carpintería. Comercia con piedras y conchas. Algo de bisutería. Menudeo. Tatuador. Alquila una moto y el bungalow donde estoy metido. Es un auténtico Robinson y nuestras charlas desde el atardecer hasta bien entrada la noche fueron realmente instructivas y divertidas. Recorrí la isla en motillo durante tres días.

Jungla y elefantes para darte un paseo. Playas paradisíacas. Cascadas. Caminos de tierra y riachuelos. Disfrute al máximo tres días en un lugar que lo apunto en mi lista por si un día tengo que perderme y no quiero ser encontrado. Ko Phangan.

Desde la isla hay agencias que gestionan toda clase de visados pero me piden un riñón así que vuelvo a poner mis cosillas en la mochila y me despido del grande de Andreas con un fuerte abrazo y un Hasta pronto amigo. Barco y tren nocturno. Tengo alojamiento en la capital otra vez gracias a couchsurfing. Me presento en nuestra embajada a primera hora recién salido del tren. Pido cartas de recomendación pero me dicen que ellos no hacen. Cada maestrillo tiene su librillo. Pienso. Llego a la embajada china a tiempo y gestiono mi visado. Dentro de seis días me devuelven el pasaporte y al día siguiente se caduca mi visado tailandés. Por los pelos.

Me dirijo a mi nuevo hogar recorriendo Bangkok con la mochila a cuestas y birra en mano. No os podéis imaginar la cantidad de Seven Eleven que hay. Cerveza Chang de arroz. Excelente para el estómago y muy barata. Varias horas de caminata a lo largo y ancho y esta inmensa urbe. Mi destino The OverStay. Edificio con habitaciones en alquiler y un gran espacio para couchsurfers, bar con billar y proyector, terrazas y un gran ático con hamacas donde a determinadas horas del día es el mejor lugar para soportar el calor tropical en la ciudad.

Stefano es mi compañero de litera, viaja con una mochila más pequeña que la que lleva mi primo al cole, es italiano y tiene cartas de póker y un mp3. Su intención es viajar al norte del país, cruzar a Laos, luego a Vietnam y volver a Bangkok vía Camboya con algo de tiempo para poder dejarse caer por el atrayente sur de Tailandia. Unos días más tarde llega Selina, inglesa y productora de cine. Su único plan seguro en este viaje es ir Angkok Wat en busca de localizaciones para su próxima película. Le seduce mi plan de intentar llegar a Phnom Penh evitando transportes turísticos así que en unos días nos pondremos en marcha.

Recojo mi visado chino y me soplan veintidós eurelios en la caja. Metro, barco, mochila. Últimos tallarines con gambas bajo la autopista. ¿Dónde estás Harrison? ¿A la caza de algún replicante? Abrazos a la familia del OverStay y a sus singulares visitantes, muchos de ellos viajeros de largo recorrido. Una corta cabezada y a las seis de la mañana en la estación subiendo al tren de tercera que por un eurelio nos lleva cerca de la frontera con Camboya. Coca-cola en mano y con las legañas puestas otra vez en ruta, y como siempre hay curvas. Dos semanas saben a poco en un país como este. Habrá que volver.

Enero 4th 2010 General

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