Una semana en Sri Lanka

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En Irán intenté prolongar la fecha límite de entrada de mi visado chino. Me dijeron que no. En Emiratos y Omán ya tenía bastante lío con el visado indio. En Delhi todo es más complicado y me confirmaron que Myarmar tiene la frontera terrestre con India cerrada y para Tibet necesitas un permiso especial. En Nepal quería estar relajado y con la embajada India ya tuve bastante. Ya había tenido que coger un avión. Quería llegar al sudeste asiático. Las dictaduras no me seducen. Encontre un billete económico con Kingfisher. También marca de cerveza. En el vuelo te daban todas las que querias. Lástima que Chennai-Colombo se cubra en menos de dos horas. Llegué y el monzón rugía. Un nuevo país ante mis ojos. Vengo cargado de energia. Auroville. Joan. Los papis. India. Igor. Sara. Sidartha. Goa. Varanasi. El Ganges.

En Sri Lanka no me cogían rocamboles indios. Los buses locales son una locura como en India y Nepal. Y una auténtica gozada. Las calles se ven algo menos sucias y no tan concurridas como en las grandes ciudades indias. El acoso al turista es más sutil. Preguntan con educación y chapurrean inglés. Te ofrecen tuc tuc o moto. Drogas y diversión. Me alojé en un antiguo gran edificio colonial prácticamente en ruinas. Aspecto abandonado y bichillos en las colchonetas. Colombo parece una capital en estado de sitio aunque todos aseguran que todo está tranquilo. Hay barricadas y controles en todas las esquinas. Muchas calles cortadas incluso al peatón. Ausencia de vida en cuanto cae la noche. Fuí a la estación de ferrocarril. Igor me ha recomendado Kandi y una señora en Madurai las playas del sur. Me voy a la mañana siguiente a las montañas. Me apetece sentir un poco de frescor en la cara.

6 am en la estación.

Tercera clase hasta el corazón de la isla. El paisaje es espectacuar. Voy en el coche-bar compartiendo cigarrillos y chais con tres chavales. Viaje comodísimo sentado en las escaleras. Con el aire en mi cara. Justo lo que necesitaba. Junto al lago tengo referencias de un par de sitios pero el precio no me convence. Pink House es el más económico y divertido. Cuatro divertidas señoras, una nuera trabajadora, un hijo gandul y tres renacuajos aplicados. Menuda plantilla. Disfruté de la casa y la compañía, de las montañas y el lago, de los templos y monasterios. Arreglé los agujeros de mi mochila con el maestro remendón de la sombra más grande de la plaza. Para comer me decantaba por un restaurantillo regentado por musulmanes. Exquisito y muy económico. Para pedir señalaba algo que viera con buena pinta en alguna mesa o recurría a los rollitos de carne o pescado que vendían en la puerta. Constantemente me ofrecían yerba. Si les das cuerda estás perdido. Si buscas algo, en cada esquina tienes un “hombre de confianza“. Tras un par de días me pongo en marcha hacia la playa. No tengo billete de salida. Hay que buscar algo. Cojo un tren a las cinco de la mañana. Un buen libro me acompaña.

Unawatuna es mi destino. Paraíso para los surferos. Ahora es temporada baja y apenas hay turismo pero el lugar tiene pinta de ponerse hasta arriba. Pescadito fresco barato si tienes un lugar donde cocinarlo. Siguen ofreciendo hierba y alternativas. Bares de reagge. Buenas olas. Mi bungalow apartamento sale por tres euros al día. No está en la playa pero si rodeado de jungla. El dueño es un ex policía. Aún así nos llevamos bien, compartimos unos chais con leche fresca y le doy de probar del serranito bueno que llevo en la mochila.

Tres chavales llevan el mejor chiringuito de la playa. Peace Bar. Como en casa compartiamos zumo de cebada y humo. Me cocinaba allí mismo el pescado fresco que traían a la playa. Aprendí a jugar a ese juego que ahora no me acuerdo como se llama. Tablero con cuatro agujeros, fichas y talco para que deslice. Se juega tirando con los dedos. El licor local de coco te afina la punteria por las mañanas.

No me funciona mi tarjeta desde le ciber de Galle cuando intento comprar el billete más barato que encuentro al Sudeste asiático. A Malasia con Air Asia. Colombo-Kuala Lumpur en seis horas. Teletransporte. Busco mi último atardecer en la isla. Me despido de la gente que me ha hecho compañía estos dias. Me voy de Sri Lanka con buen sabor de boca, no sólo por la hierba.

Es un país tranquilo, exótico y entrañable con una densidad de población razonable. Tras una semanita relajá sin demasiado ajetreo ni kilómetros me dispongo a dar un último salto. Sri Lanka, esto es un hasta pronto. Salud y libertad.

Noviembre 13th 2009 2cv, Diario

Nepal…Fresh Nepal

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Como os venía contando, el viaje en bus de Delhi a Kathmandu fue toda una experiencia, terminamos siendo una gran familia a base de compartir chais, comida y turnos para el aseo o las fuentes durante los dos días de ruta. Una pareja de franceses, el fumador empedernido de Barehim y yo eramos los únicos extranjeros.

Sunauli, pueblo fronterizo entre India y Nepal, agua, barro, mucho movimiento y buscavidas…¡¡claro que sí!!
Indios y nepalis cruzan la frontera libremente…nosotros vamos a las oficinas para que nos pongan los sellitos correspondientes a cambio de unos rocamboles verdes. Antes de cruzar se sube al bus un paisano con una bolsa de deporte, cuando entra el militar de turno y le dice algo, ni corto ni perezoso, hablando por lo bajini, le suelta unas buenas rupias y todos tan amigos.

Larga noche con varias paradas, primera cena de comida nepali, arroz y verduras, picante, momentos de tensión se avecinaban…Abro un ojo llegando a vieja capital de Nepal, un buscavidas se ha subido a bordo y está hablando con los franceses, ella se acerca a mi zona, donde están todas las mochilas y me dice. ¿Nos lleva a Thamel, te vienes?. Porque no. Pienso. En seguida me arrepentí de mi decisión.

Nos bajamos los cuatro almas cándidas y en un abrir y cerrar de ojos estabamos metidos en un coche destartalado con un piloto y copiloto con cara de muy pocos amigos. La hemos liado. Pienso. Nos van a desplumar. Por suerte no paran en un callejón y nos dejan en calzones. Cosa que me imaginaba. Pero nos hizo el lío para que pagaramos dos veces por el taxi. Nunca hay que separarse sin arreglar primero las cuentas, ya lo sabía, pero estaba muy dormido. La broma no nos salió muy cara y pudo ser peor. Nunca más. Me repito.

Mi contacto de couchsurfing es Dev, dirige el orfanato FRESH NEPAL, aqui tenéis a los chavales, www.freshnepal.org es una joven ONG situada en el corazon de Patán, ciudad hermana de Kathmandu. Diecisiete niños de entre cuatro y once años. Dev y su familia se hacen cargo de ellos. Todos van al colegio y gracias a los voluntarios practican su inglés a diario. Valen mucho y ponen muchas ganas en sus libros y tareas. Espero que a raíz de estas líneas consigan algun nuevo patrocinador. Muchas son las cosas que allí hacen falta, comida, ropa, medicinas, juguetes, libros..

Ahora en ruta echarles una mano es complicado pero ya estamos estudiando algunas alternativas para la vuelta. No dejéis de echar un ojo a la página y recordad que un pequeño donativo multiplica su valor en Nepal. La sonrisa de estos pequeños vale mucho más que eso. Muchas gracias por la hospitalidad y los buenos momentos. Abrazos para la familia FRESH NEPAL.

Salí en un minibus dirección Pokara a darme un bañito en el lago Phewa, disfrutar de los Anapurnas y alejarme de la contaminada capital unos días. El segundo día en este pequeño pueblo al más puro estilo del lejano oeste me encontré con Raúl y Yoli, pistero de Valdezcaray y profesora en Vitoria. Hicimos algunas excursiones, conocimos a una divertida pareja de profesoras de la sierra de Madrid, al loco de Pedrillo, a Nuria que se iba al campo base de los Anapurnas, a Magda que viene a la India y Nepal a comprar cosas para vender en su puesto en España…y mucha gente más…comida, bebida y alojamientos muy baratos en este entrañable país.

Por primera vez en mi vida las sanguijuelas me atacaron, me entraron fiebres por pirmera vez en el viaje, fumé una crema excelente en la azote de mi guest house donde pagaba menos de dos eurelios por día, cenas, paseos, bicicleta, fruta, batidos expectaculares, muchos españoles y algún anglosajón despistado. Algunos figura estaban entrenándose para atacar algún ochomil cuando llegara la temporada y terminara el monzón.

Volví a Katmandú con el grande de Pedrillo y me regaló una gran noche de juerga entre los bares y las casas de otra ciudad que nunca duerme. El terminaba un periplo de tres meses por la India. A mi aún me queda camino. La resaca es importante y no tengo fuerzas para enfrentarme a los niños…me voy a un monasterio budista…recomendado por Pili y Ana, las profesoras más dicharacheras.

Kopan Monastery, llego a media tarde tras un largo paseo desde Buddha, un antiguo pueblo budista en el valle que ahora es un gran barrio de esta urbe que absorbe todo lo que hay su alrededor. 300 rupias pensión completa, menos de 3 eurelios. Mi compañero de dormitorio se llama Igor, en seguida nos hacemos muy buenos amigos. Dejó el ejército ruso hace unos años, su padre era militar. Montó una empresa de inversiones. En la crisis lo perdió todo. Viaja buscando un sentido a la vida. Muy espiritual. Loco de Yoga. Divertido e inocente. Muy grande en todos los aspectos.

Con energías renovadas vuelvo a FRESH NEPAL, algunos de los voluntarias que conocí ya no están pero han llegado nuevos refuerzos como Víctor, el doctor, que viene de España; Mia, algo asi como italiana, de voluntariado internacional, como el doctor; Anies y Giorgie, de Francia e Inglaterra respectivamente, están poniendo patas arriba el local de Dev, desinfectando y haciendo cambios, enseguida congeniamos y siento una gran alegría al ver a los enanos de nuevo…están haciendo un trabajo muy serio y van a quedarse allí nueve meses..hoy mismo acabo de recibir un correo del doctor y parece que las cosas están mejorando mucho por allí…me alegro muchísimo y espero poder volver pronto para llevarme a los enanos a pasar un finde de acampada con su viejo amigo Mireli. Flauta. Así me llaman estos pequeños bandidos.

Consigo mi visado para India justo a tiempo. Encuentro a Igor en la estación de buses, no sé como porque los dos habíamos llegado tarde. Pinchazos y carreteras de la muerte. Noche en la frontera. Desayuno en puestito apestoso que contrasta con el gran chai que nos sirven y unos buenos huevos fritos con chile. Buses y buscavidas…otra vez.Varanasi nos espera. Este ruso promete. Un abrazo desde el este a los lectores de este pequeño relato.

Noviembre 3rd 2009 2cv, Diario, General

Subcontinente Indio

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Legué a la India apestando al curry del avión. Mosqueado porque en la embajada de Dubai la cagaron y me han dado una entrada simple. Cansado de tanta burocracia y paseos en balde. Aburrido pero emocionado, un mundo totalmente diferente está a punto de presentarse ante mis narices.

Es noche cerrada y me he propuesto coger el primer tren que salga hacia Delhi para poder ver a los hermanos uruguayos que andan por allí. Siguen vivos después de cruzar Pakistán y quiero oír de su boca las anécdotas y problemas de la travesía.

Control de temperatura nada mas bajar del avión por el royo de la gripe rara esa que seguro alguna empresa farmacéutica ha soltado por el mundo para hacer un poco de caja. Cojo un tuc-tuc en una calle cercana al aeropuerto para evitar la tarifa extra. Me niego a que me lleve de putas como el quiere y le insisto que una estación de tren será más que suficiente. Ratas y mendigos custodian los andenes. Bombay Central es mi destino. El trayecto en esta especie de cercanías no tiene desperdicio. Faltan tres horas para que salga mi tren.

Echando una cabezada me hago amigo de un taxista que me invita a desayunar arroz picante con salsa dulce y un buen chai para poder tragar esto. Llega la hora y sorpresa, no tengo billete y no entiendo porqué no quieren darme otro para el siguiente tren. Me armo de valor y compro uno de esos sin asiento asignado. La ignorancia me va a costar cara, al contrario que el billete, por menos de tres euros voy a recorrer los casi 1400 kilómetros que separan Bombay de Delhi. Las 30 horas en Second Class fueron una buena terapia de choque y una insuperable vía para empaparme rapidito de lo que es India.

En Delhi compartí con los tres osos uruguayos una habitación dentro de una escuela de baile en uno de los barrios de la nueva capital. Gente encantadora. Borracheras entre amigos. Risas. Paseos con la Poderosa y portazos en las embajadas, como siempre.

Los boludos se han quedado sin plata, otra vez. Su nueva idea de bombero es pedir prestado a Montevideo y volar a Australia a hacer caja. Celebran por allí su día de la independencia y por lo visto hay casi 12000 uruguayos y algunas sucursales de Citroën.

Me vuelvo a quedar solo y pienso en los verdes valles de Nepal, en el lago Phewa donde se bañaba Lorenzo en los 70, en el sueño de la eterna primavera, en el negro nepalí…

Cojo mis cosas y compro un billete de autobús sin aire acondicionado, cuatro turistas y locales a bordo, 40 horas en ruta. Otro viaje para el recuerdo. Todo esto lo podréis leer en el libro.

Octubre 15th 2009 2cv, Diario, General

La Península del Turbante

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Llegué a los Emiratos tras un divertido viaje en ferry donde era el único extranjero, nos dieron de cenar y desayunar, pasamos calor, fumamos y nos esparcimos para pasar la noche lo mejor posible. A bordo ya iban algunos turbantes con patas…

El precio del trayecto en barco no es inferior al del avión, todos iban cargados hasta las orejas, productos y alimentos, llegamos a Sharjah, el calor aprieta, peor que el infierno Bandar Abbas.

Trámites fronterizos interminables en el puerto, me dan visado para un mes gratis, a los paisanos les hacen foto de un ojo, un amigo del barco y su chófer turco me llevan a Dubai en una máquina con aire acondicionado. Gracias.

Allí me espera Anita, una divertida puertorriqueña que se ha ofrecido a acogerme en su casa, compartimos el cuarto con Channel, su chihuahua, y sus cuatro hiperactivos cachorros que darán buena cuenta de las correas de mi mochila.

Dubai no me gusta, ciudad al más puro estilo americano, con sus centros comerciales, hoteles de lujo, restaurantes y bares caros. Todo está pensado para moverse en coche y las islas artificiales ponen la guinda al pastel.

En la playa el agua está caliente, la ducha está caliente, la arena abrasa y el hielo vuela. Se vive bajo el aire acondicionado, incluso en las paradas de autobús. Es verano y rozamos los 50 grados. Temporada baja. Dicen. Esto es el infierno.

Anita y sus compinches hacen que pase unos días entre amigos y risas. Mientras espero mi visado indio decido ir hacia el norte, cruzar a Omar y echar un ojo a los fiordos donde dicen que se ven delfines.

Con la compañía de una chica suiza salimos en autostop, hacemos noche en la playa de Ras Al Khaimah, el calor no me deja pegar ojo, cangrejos bajo la arena que forman pirámides de arena cuando baja la marea, miles de familias de estrellas de mar.

Cruzamos la frontera y un bus de turistas nos recoge y nos acerca al puerto de Khasab. Papeazo en un restaurante local y bajo el sol del medio día buscamos un lugar donde darnos una ducha y descansar. El halcón del desierto nos ve y nos recoge, es un tipo divertido que nos invita a su casa. Se dedica al turismo. Nos trata a cuerpo de rey. Salimos en su lancha. Vemos delfines. Buceamos. Un poco de wake board para estirar los músculos. Conocemos la famosa Telegrafh Island.

Aprovecho que va a Dubai con un amigo a comprar material de camping para la nueva temporada, muchas risas con esta pareja de túnicas blancas y turbantes. Mi visado está listo. No encuentro barcos que me lleven a la India. Hay vuelos baratos. Me decido por Bombay para saltar sólo un trozo de charco. El sueño de dar la vuelta al mundo sin levantar los pies del suelo termina aquí. En vez de triste estoy contento porque eso implica que lo volveré a intentar. Otra ruta u otro momento. Omán ha sido el gran descubrimiento.

Octubre 5th 2009 2cv, Diario, General

Irán en solitario

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En Teherán se concentra el poder religioso del país. De vez en cuando te encontrabas uno de esos personajes, montándose en un lujoso coche o entrando en una mezquita. La mafia, nos decía uno en la cola del local de los mejores kebabs del barrio.

Pasamos unos días en casa del señor Matias. El loco consul uruguayo fanático de los Beatles, amante de la Buena Música y viajero en sus ratos libres. Vivimos en familia mientras gestionamos la extensión de nuestros visados y estudiabamos las rutas posibles para llegar a la India. El Gordo tenía la visa para Pakistán pero le estaba entrando miedo. Yo no pude conseguirla ni en Turquia ni en Irán.

Los últimos ataques del ejército en la zona Talibán apoyados por el equipo “USA ABUSA” no estaban gustando a los paisanos Pakistanís. Al equipo de uruguayos reunido de vuelta no le quedaron otros güevos que meterse en el fregao, asustados al entrar y encantados al salir. Me dio pena perderme esa experiencia pero sabía que, si el destino me quería llevar por otra ruta, sería por algo. Y lo fue.

Un martes de tarde se pusieron en marcha. Era fiesta en la ciudad por el exceso de contaminacion y polvo en la ciudad. Mi pasaporte estaba retenido en la oficina de inmigración. Te lloraban los ojos caminando por la ciudad. Perdías los puntos de referencia. Y el dia siguiente fue más de lo mismo.

La mañana siguiente afortunadamente abrieron. Nadie daba un duro por ello. Aquí un jueves es como un sábado para nosotros. Dibuje una ruta con la ayuda de Mehrah, marido de Benafche, hermana de Zhore, amiga de mi hermana Anita desde mediados de los noventa cuando coincidieron en la facultad de Bellas Artes de Madrid. Yo tengo un cuadro de Zhore, me lo regalaron una manana de domingo en la Plaza Mayor. Es un personaje solitario y tranquilo, sentado en un sofa, rodeado por cuatro ratas y con mirada expresiva. Sonríe.

Por la noche subía a mi primer autobús rumbo Isfahan. Si no vas a Isfahan no te enteras de lo que pasa en Irán. Me dijo el Toni. Mi padre. Subí al filo de la media noche. Era comodísimo y no iba lleno. Leí un rato, escuché el hilo musical, comí un bocata que llevaba en la mochila, dormí y hasta ví un rato en la tele una producción nacional.

Hace unos meses alguien que ocupa un palco en mi corazón me prestó el libro Anochece en Katmandu, donde Chema Rodríguez y el Vuke recorren en el ano 2000 la ruta terrestre que une Estambul con Katmandu, Occidente con Oriente, lo material con lo espiritual. La ruta que miles de jóvenes recorrieron en los 60 y 70. Buscando respuestas. Viviendo libres en contra del sistema. Sexo, drogas y música. El movimiento hippy. Kabak, Butterfly Valley o Olympos son refugios para los nostalgicos. El movimiento murió pero dejó su sello y en la carta de despedida advertía que un año de estos volverá. Seguimos esperando…

Era de noche. Un ejército de taxistas me avasallaba. Como a todos los pasajeros de todos los autobuses. Era un ejército en toda regla. Regimientos en todas la salidas. Varios controles. Y exploradores al acecho en las vías cercanas. Me fume un par de cigarros tumbado en un parquecito cercano a la estación mientras esperaba que clarease un poco más. Cogí la mochila y caminé hacia la plaza del Imán. Acabé subido en uno de esos taxis que por medio dólar subes y bajas donde quieres en las grandes avenidas de las ciudades. Son taxis colectivos de recorrido único. Les gusta ese sistema y rara vez te llevan a otro sitio aunque ya sólo quedes tú montado.

Esperé a que el sol iluminara la inmensa plaza, con las dos mezquitas y el palacio. Rodeada por pórticos en sus cuatro lados. Varios jardines y una gran fuente donde puedes refrescarte. El destino me llevó al Hostel Amil Kabil. El libro lo leí tirado en la playa en Olympos. No tenía datos apuntados ni lo llevaba encima. Me maldije. Pero tuve suerte. Ví un mochilas entrando cuando yo salía de preguntar un precio en otro hostel, pero que era de palo, trece dolares me pedían por la habitación más barata. En Amil Kabil me ofrecieron dormir por cinco dólares en una habitación con tres colchones sobre una alfombra y un pequeño ventanuco rectangular. Había un tipo durmiendo, era rubio, se llamaba Bart y se dirigía al sureste asiatico. En un par de semanas volaría desde Shirad hasta Delhi.

Por la noche cenamos siete viajeros solitarios tirados en los jardines centrales con la plaza del Imán iluminada. Mucho ambiente. Familias y amigos. El Corazón de la ciudad. Los pulmones son los numerosos parques desperdigados por la ciudad y a lo largo del río. La noche era espectacular. El axfisiante día me había llevado a conocer los alrededores del río, pero este año estaba seco, así que me refugié por las callejuelas en sombra y daba gracias al mullah por las maravillosas fuentes de agua refrigerada gratuita que hay en todas las grandes avenidas y patios de la mayoria de las mezquitas.

Najma, una estudiante iraní que conocí, me estuvo enseñando todos los sitos clave de la ciudad, me puso al día de la historia del país, me habló desde el sha hasta la manifestacion de la semana pasada, donde estaba dándolo todo. Aquí si no tienes el satélite o acceso a internet con filtro no te enteras del que pasa en el mundo.

Paseamos y nos pusimos al dia entre varias mezquitas y el palacio, los baños iraníes, el barrio armenio y algunos de los parques. Es una revolucionaria. Por la noche me embarcaba en otra aventura busera. Seis horas hasta Yazd. Un paseo.

Misma jugada pero esta vez voy a dejar mi mochila en la estación, al llegar compró un billete para esa misma noche a Shirad y le encasquetó mis bultos al bigotes de la compañía. Los vendedores gritan precios y destinos constantemente. Y eso que ahora hay poca gente. Pienso.

Yazd es famosa por los minaretes de cincuenta y tres metros pero es un placer perderse por sus barrios residenciales antiguos o su bazaar siempre fresco. Me crucé con el todoterreno de unos eslavos que iban hacia el Tibet a través de Afganistán Pakistán, India y Nepal. El coche relucía y estaba aparcado junto a un hostal. Me imagine durmiendo en el desierto si hubiera podido venir con Naranjito, la Poderosa o el perrete de Napoleón. Pase de visitar el museo del agua y dormí la siesta en una mezquita, como los locales, aprovechando el aire acondicionado y el agua fresquita. Comiendo me doy cuenta que el vendedor me la ha jugado, el billete es para las ocho y media, no me apetece discutir y me embarco a sabiendas que siempre es un engorro llegar a una ciudad a las cuatro de la madrugada, si no quieres pagar una noche extra hay que esperar a las seis o siete para coger la habitacion. El viaje fue algo incómodo porque iba lleno, lo que implica que no te pudes mover; y aburrido porque era de noche y la película se parecía a la del otro día. Además el calor de Yazd me habia dejado reventado, enseguida echaría de menos el calor seco.

Llegamos muy pronto y tuve que montar campamento en un jardincito dentro de la estación, aquí es normal que la gente duerma esperando su conexión o algún autobús que se retrasa. Eché el saco, me rocié de repelente a la quinta picadura y dormí hasta que un policía me levantó a las siete. La verdad es que me estaba haciendp el remolón. Disfrutando del mundo de los sueños.

Me costó encontrar mi golpe de suerte, tras varios intentos y cargando con la mochila no encontraba nada barato libre. Fue entrando en una agencia turística a preguntar si conocían algún lugar de cinco dólares cuando me encontré con Emil, uno de los siete de Isfahan, danés, con cara divertida, que dice que es sueco cuando no quiere pararse a hablar. Un tipo alto y sonriente, professor de niños y que viaja por Oriente Medio aprovechando el verano. Compartimos una doble que había cogido por quince dólares. Se estaba gastando otros tantos en un tour para el día siguiente a Persepolis.

Pasamos la tarde visitando la Fortaleza, los baños, el bazar y la tumba de aquel famoso poeta de nombre que ahora no recuerdo. Los jardínes, las tumbas, el ambiente y la iluminación tenían magia. Era un lugar con energia. Podías sentarte en una mesa y dibujar. El material estaba ahí…esperándote.

Mi ida y vuelta hasta Persepolis es una historia para otra ocasión. El lugar es impresionante. Salgo con cuatro piedritas en el bolsillo para mis amigos locos de la historia. Por la noche me subo en mi último autobús rumbo Bandar Abbas. Antes de salir le pido al hostelero que llame a un número que me dio mi compi de asiento rumbo a Yazd. Nos entendimos por gestos. Allí nos contestó su hermana y el traductor le contó mi historia. Mi hermano o yo iremos a buscarte a la estación. Me tradujo el notas. Colgó el teléfono, le di las gracia y me puse en marcha. Me acompañaba Stefan, un alemán que encontré en el cyber que va a buscar a una amiga. En Bandar Abbas vas a morir de calor. Me decía la gente. No se equivocaban. Nada más abrirse la puerta del bus la bofetada es criminal. Pero alli estaba el grande de Ali!!

Pasé un largo día con él y con su hermana y su familia. Nos divertiamos por el solo hecho de conseguir comunicarnos. Comíamos sobre un mantel sobre la alfombra y con las manos ayudados por las tortillas de pan como es habitual. Mucho té y música a todo volumen. En su casa se estaba fresquito, me perdí poder visitar el antiguo bazaar pero no era un día para andar por la calle. Por la noche embarcaba en un ferry rumbo Emiratos Árabes Unidos. Iba a cruzar el Golfo Pérsico. Era el único extranjero a bordo. Era el miércoles por la noche. Tocamos a tres asientos por barba. Allá vamos!!

Agosto 24th 2009 2cv, Diario, General

Estambul con Nilo

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Dejamos Sofía. Estambul, la puerta de Oriente, nos espera. Y mi hermana Anita. Y Rubens, su chico. Y Nilo, ese pequeño cabroncete que han tenido juntos hace poco mas de un año y medio. Y Jimbo, un hermano al que siempre es placer cruzarse en el camino.

Conducimos emocionados con la idea de entrar en Turquía, dar el salto de continente y encontrarnos caras familiares en la exótica antigua capital turca, única ciudad puente entre dos continentes, Estambul.

En la frontera nos saltamos el control de visados, el turco del siguiente control no da crédito a lo que ve, nos manda de vuelta, los del control no saben si entramos o salimos, nos lo volvemos a saltar en sentido contrario para poner las cosas en su sitio.

Tras pagar 10 eurelios por barba para que nos den el visado de tres meses, hacemos unos kilómetros y ya vemos las siluetas de las primeras mezquitas. Esto promete.

Desde el taller de Billy y la casa de Vera bombardeamos a los couchsurfing de Estambul, el elegido fue el grande de Alex, australiano de origen italiano que lleva tres meses viviendo en la ciudad ganándose la vida dando clases de inglés. Sus compañeros y él enseguida se ganan un hueco en nuestros corazones. Nos hacen sentir como en casa, tanto es así que terminamos pasando dos semanas viendo esta gran urbe desde la ventana de un ático en un barrio de callejuelas muy cerca de la plaza Taksim y del Instituto Cervantes.

El pequeño Nilo no ha parado de crecer desde que le viera por última vez en septiembre del año pasado, concretamente la noche del 27 en la fiesta de despedida que organizamos en el Teatro Infanta Isabel de Madrid. Ahora el enano anda, tiene mas dientes que un tiburón, dice algunas palabrillas y ya se maneja con los chantajes emocionales. No sabe nada el tío.

Durante la semana que mi cercana familia ahora gaditana pasa entre nosotros nos dedicamos al turisteo: paseos por los barrios y el Bósforo, cays, zumitos, pipas de agua, gran bazar, bazar egipcio, mercadillos, atardeceres, mezquitas, cervezas, risas y abrazos. Cruzamos al lado asiático y disfrutamos de las vistas del café Pier Lotti y puente Gálata. No faltamos a nuestra cita diaria con el Durum y el Ayran.

Primero despedir a mi hermano Jimbo y unos días mas tarde a Nilo y compañía me deja algo falto de energía; entre mi compañero, Alex y el trío uruguayo se encargan de poner a recargar mis pilas.

Una peculiar pareja de luna de miel se unió a nosotros durante unos días, Anders, danés, y Susana, húngara con un bombo de cuatro meses. Divertido viaje de novios con el Micra seis semanas por Turquía. Nos reímos mucho y quedamos en volver a encontrarnos en algún otro lugar de este maravilloso país.

En el Gran Bazar en nuestra primera visita terminamos vagabundeando por los tejados, un loco entramado de escaleras, pasadizos y balcones; terminamos en un taller artesanal donde dos hermanos trabajaban la plata, nos invitaron a un cay sin mediar palabra y nos despedimos con un amable gesto con la cabeza. A veces no hace falta hablar para sentirse a gusto y comunicarse.

Nilo era el rey de la calle, los turcos y turcas no se cortan un pelo a la hora de expresarse, lo cogían, lo abrazaban, lo acariciaban, lo besaban y lo mimaban; si se le caía el moquillo se lo quitaban y siempre salía con un dulce o un regalito entre las manos.

Naranjito estuvo durmiendo en casa de otro miembro de la plataforma para viajeros y gente abierta que tan buenos resultados nos está dando en este viaje. Ozgur se ofreció a meterlo en su casa como si de uno de nosotros se tratara. Gracias amigo, suerte en tu viaje por España.

Uno de los últimos días en la ciudad decidimos escaparnos a una de las Islas del Príncipe, en concreto a Buyuk Ada, traducido como Isla grande. Nos fuimos Jorge, Alex y yo. Llevamos el saco de dormir y cuatro cosas para comer. Allí no hay coches pero si unas mansiones que quitan el aliento. Desde una iglesia ortodoxa que hay en lo alto de una de sus colinas la vista de Estambul es espectacular. Justo lo que estábamos buscando antes de volver a la carretera. La guinda para el pastel.

En nuestra última visita al Gran Bazar fuimos a ver a Ilhan, un amigo de mi gran amiga Coco, vamos preguntando por la dirección que nos dieron, esto es un ciudad dentro de otra, llegamos a su tienda de telas y alfombras, había oído hablar de nosotros y nosotros de él, compartimos unos tés de manzana y salimos con una gran lista de destinos interesantes en nuestra ruta y con la seguridad de haber hecho un nuevo gran amigo.

Gracias: Alex, Emrah y tercer compañero del que nunca me acuerdo de su nombre. Nilo, Anita y Rubens. El gran Jimbo. Ozgur el motero. La gente del ChillOut Hostel.

Junio 10th 2009 2cv, Diario, General

Bulgaria en dos días

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Como os estaba contando el otro día, nos fuimos de Grecia encantados, la experiencia vivida en Thessaloniki fue la guinda que le faltaba al pastel.

Desde el taller de Billy no todo fueron tuercas y tornillos para Naranjito y La Poderosa, también estuvimos trabajando en nuestro futuro confort en tierras búlgaras. Gracias a la plataforma de la comunidad Couchsurfing y al WIFI que nuestro amigo tenía en el taller nos dedicamos a bombardear con correos a gente de Sofía. Como solemos hacer en estos casos nos decantamos por el primer mail que nos ofrecía un techo. Caímos en casa de nuestra nueva amiga Vera, que en esos días la compartía con su prima.

El mismo lunes 27 salimos prontito desde el taller de Billy después de hacernos una foto de familia. La carretera hacia el norte no nos defraudó, paisajes verdes, montañas con cumbres nevadas, pueblitos, tramos de autopistas gratuitos, valles y gentes sonrientes a nuestro paso.

Nos sorprendió que hubiera frontera, ya que Bulgaria es Europa. No nos gustó que nos hicieran pagar cinco eurelios por una pegatina que intuyo es como un permiso de circulación. Preguntas habituales sobre si llevamos sustancias ilegales. Sonrisas. Y un adelante chicos para darnos la bienvenida oficial.

Lo primero que hacemos al entrar es parar a comprar un par de birras, a ver qué precios se gastan por aquí. Es barato y la moneda son los Lev. Menos mal que aceptan mis monedas europeas. Aquí la gente nos mira como si no hubiera visto un 2CV en su vida. Lo cual, es cierto en la mayoría de los casos.

Llegamos a Sofía a media tarde, hemos quedado con Vera en un par de horas; primera impresión, bajan los precios, los tíos son enormes y las chicas son las más guapas de todas las capitales europeas visitadas, sólo Polonia y Hungría pueden competir en esta liga. A mi compañero le brillan los ojos.

La capital nos gusta, mucha vida por todo el centro, mercadillos de todo tipo, edificios con historia, parques para echar la siesta, tienditas de todos los colores y comes o cenas por muy pocos doblones.

Vera es encantadora y una gran anfitriona, se esmera en que estemos cómodos, nos enseña todo lo que puede en sus ratos libres, nos sorprende con los mejores helados de la ciudad y nos despedimos en un vegetariano delicioso.

Su prima es divertida y vacilona, son la antítesis y por eso se llevan tan bien; hemos estado mejor que en un palacete, con un colchón cada uno en el suelo del salón-cocina, con internete a nuestra disposición, duchita y agua caliente. No necesitamos nada más para sentirnos como en casa. Muchas gracias amigas!!

El miércoles por la mañana nos volvemos a poner en marcha. Estambul nos espera y Jimbo también. Aquel viejo amigo que ya visitáramos en Budapest ahora se desplaza a Estambul a desearnos buena travesía por Asia. El jueves llega mi hermana con su pequeña gran familia. Unos días mas tarde los tres locos uruguayos con La Poderosa, el carrelo y todos los bártulos.

Tenemos mas de 500 kilómetros por delante y en nuestra primera parada en una gasolinera para camioneros nos llega la primera sorpresa. Todos vienen hacia nosotros mientras estamos repostando, les puede la curiosidad. Abren las puertas. Indagan. Tocan. Sonrien y nos miran. Al final nos invitan a un Cay y nos hacemos unas fotos todos juntos. Esto promete. Naranjito gusta. Nos vamos a Asia. Ya era hora. Joder que bien!!

Mayo 26th 2009 2cv, Diario, General